El enojo es una emoción natural que varía en intensidad, desde una irritación leve, hasta una furia e ira intensa;  también se puede ver como una actitud o fuerza que permite superar  determinadas situaciones difíciles. Por lo tanto, se trata de una emoción que bien manejada  puede ser de ayuda en algunas ocasiones.

El problema no es enojarse, el problema es,  cuando  manifestamos ese enojo con violencia, que es una conducta fuera de lo normal y que tiene como único objetivo lastimar y herir al otro.

Cada uno de nosotros somos responsables de nuestras emociones y en este caso,  de nuestro enojo, no son los otros los que nos hacen enojar, somos nosotros los que elegimos o decidimos enojarnos.

El enojo lo fomentamos, lo mantenemos y lo aumentamos con nuestros propios pensamientos o nuestras propias conversaciones internas,  las cuales están basadas en como percibimos o interpretamos una situación en particular, que pasa a nuestro alrededor.

Por ejemplo cuando un ser querido nos ignora, o creemos que nos ha herido. El pensamiento nos dice: me quiere pasar por encima; y este o esta que se cree;  no me está respetando; no me aprecia o no me quiere lo suficiente. Este tipo de pensamientos  hace que se incremente nuestro enojo y reaccionamos sintiéndonos heridos y ofendidos  y nos  defendemos, pero atacando, de una forma física o verbal,  no interesando si tenemos  razón o no, el fin es lastimar o herir a quien supuestamente nos hirió primero, es decir el enojo lo utilizamos como venganza o justicia , pero según nuestro criterio, según nuestra perspectiva que a lo mejor no es la más acertada  y con esto supuestamente, también estamos previniendo futuros ataques de la misma persona, porque estamos  sentando un precedente. “A mí me respetas”.  Pero realmente nosotros  decidimos hacer esta interpretación,  hubiéramos podido reaccionar de diferente forma.

El entender la conexión que hay entre la supuesta provocación u ofensa y nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones nos ayudara a ganar el autocontrol necesario para hacer frente a situaciones difíciles.

Es decir tenemos la opción de elegir y decidir me enojo y lo manifiesto con violencia o me enojo y lo manifiesto adecuadamente, de una forma honesta, clara y sin agredir. En conclusión, si logramos modificar nuestros pensamientos cuando nos enojamos, cambiamos, como nos vamos a sentir y cómo vamos a reaccionar y así empezaremos  a construir puentes de buena comunicación que fortalecerán nuestras relaciones y lograremos tener un control de nuestras emociones.

Rubdhy Stella Vargas
Mental Health Counsellor