Todos los seres humanos grabamos información desde que estamos en el vientre de nuestra madre más o menos hasta los 8 o 9 años, y esta información queda registrada en nuestro inconsciente y por esa razón no nos damos cuenta que está presente en nosotros, solo viene a salir o a aflorar en nuestra juventud o adultez.

Cuando somos niños, somos esponjas que recogemos información de todo lo que vemos, escuchamos y vivimos, del ambiente que nos rodeó, de nuestros padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, escuela, profesores, compañeros de clase, lo que vimos en televisión, en la calle, en la iglesia,  etc.

Esta información y algunas situaciones que vivimos nos causaron  miedo, angustia, temor, inseguridad, ansiedad, enojo, soledad, dolor, etc. y las tenemos ancladas en nuestro inconsciente como heridas.

Cuando somos adultos, estas heridas  salen y las expresamos, reaccionando  de una forma desmedida, incomprensible e  inadecuada  ante cualquier expresión o comportamiento de los que nos rodean. Esta reacción o comportamiento es simplemente nuestro niño interior expresando su herida.

Por esto es necesario Sanar nuestro niño interior es decir todos aquellos recuerdos, heridas o creencias que quedaron  desde nuestra niñez y que ahora nos están causando daño y dolor.

Para esto hay que tomar conciencia del problema que tenemos en el presente y por medio de visualizaciones y relajación,  volver a vivir la situación o situaciones que nos marcaron o nos produjeron algún daño o dolor cuando éramos niños, pero desde la conciencia del adulto cambiando la emoción que sentimos en ese instante.  Ejemplo: si al volver a la situación, nuestro padre nos pegó injustamente  y nosotros lo odiamos en ese momento, ahora como adultos cambiamos el odio por amor y tolerancia.

Es necesario comprender que nuestros padres hicieron lo que pudieron con las herramientas y la conciencia que tenían en ese momento. Y que las situaciones que se presentaron son para que ahora trabajemos y evolucionemos en nuestro proceso personal.

Otra forma es reuniéndonos con nuestro niño interior, ayudándonos con una fotografía para recordar como éramos y visualizándonos con él o ella hablando y jugando y diciéndole que de ahora en adelante nunca estará solo, que lo vamos a proteger, a cuidar, a amar, a valorar, a aceptar tal y como es y por ultimo le vamos a dar un fuerte abrazo.

Debemos reconectarnos con nuestro niño interior, para potenciar el amor por nosotros mismos y para que nos ayude a recobrar el disfrute, el juego, la espontaneidad, la sencillez, la alegría, la naturalidad y la vitalidad que caracteriza a un niño y dejemos de lado los acartonamientos que muchas veces nos exige la sociedad.

“Los hombres no dejan de jugar porque envejecen, envejecen porque dejan de jugar” Oliver Wendell Holmes Jr.

Si necesita una consulta para conectarse con su niño interior llame a Stella Vargas al 647-238-9920 o escriba a: stellavg8@hotmail.com